Haiku en movimiento

La sopa de año nuevo, la ensalada de chamoy con jitomate, el tofu con ricotta y el panqué de té verde quedaron no sólo deliciosos sino ¡hermosísimos! Tengo mi recetario ilustrado a mi lado y ¡estoy buscando ansiosa el pretexto para organizar una comida japonesa y compartir con amigos lo aprendido! Pero tengo que hacer una confesión. Lo que más me gustó de mi clase de cocina en Oishi fue la calidez de nuestros maestros y anfitriones.

Tomar una clase de cocina en Oishi es una experiencia amorosa, una invitación al corazón de un hogar que mezcla exquisitamente tradiciones japonesas, hospitalidad mexicana y calidez tibetana. La paciencia y cariño con que nuestros Chefs acompañaron a mi hija, Sabina, a preparar estos increíbles platillos me hicieron sentir ganas de volver una y otra vez.

Aprender a cocinar en Oishi es sentirse invitado especial de Lalo y Kimie, sentirse en casa sentado a la mesa de su impresionante cocina, escuchando anécdotas, compartiendo risas mientras el postre se cuece al vapor en la estufa y la ensalada se convierte en una obra de arte frente a tus ojos.

Ser partícipe de la preparación de su menú japonés es un deleite que va más allá de aprender una receta y revolver ingredientes, es sumergirte en su mundo rodeado de belleza y de paz, cobijados por las sonrisas espontáneas de Kimie y la generosidad de Lalo.

En Oishi, cocinar es un acto poético, un haiku en movimiento. Y yo sólo puedo decirles: gracias por el sabor, el aroma, el color y el inigualable sazón amoroso.

Lilyán de la Vega.

2 Comments »

  1. Bernardo dice:

    Haiku en movimiento, como siempre, qué manera de expresar, gracias por la descripción y compartir la experiencia de nuestra Sabina.

  2. kumasan dice:

    Sin duda una clase muy linda. Saludos Kimi.

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